lunes, 6 de enero de 2014

Desencanto





Cuando era pequeña, como otros muchos niños, leí el fabuloso libro de Michael Ende  “La historia interminable”. Las palabras que le puedo dedicar desmerecerían por completo el valor que le doy a esta obra. A veces pienso en volverla a leer desde la óptica adulta… pero me da miedo. Miedo al desencanto.

Atreyu y Bastian eran los dos guerreros, en distintos planos de la realidad, que luchaban contra “la nada”. Ese mal que estaba acabando con el Mundo de Fantasía.
Para mí, esa nada es el desencanto. Y la mala noticia es que hace tiempo que está arrasando nuestro país.

Llevo un tiempo inquieta. Con ligeros saltos entre la alegría y la tristeza, sin saber exactamente lo que me pasa. Esta noche no podía dormir y de pronto he pensado en el desencanto…. O en la “Nada”.

Y aquí estoy dejando salir esto que me come por dentro… antes de que llegue al fondo.

A las cuatro de la mañana, me despierto. ¿Qué me pasa? No puedo dormir. Tengo un nudo en el estómago… Y me pongo a pensar en  la cuenta del banco: ¡ostras, vamos a ver que llega la tarjeta, el pago del IVA y no cobro hasta después del 10, el pago de colegios, de dentistas…! Y me pongo a mirar la cuenta a las 4 de la mañana. ¿Es normal? Me respondo a mí misma: no. Y empiezo a tirar del hilo de la angustia: la economía, el sentirse atrapado en un sistema, en una jaula de la que no puedes salir, el desear a veces correr y correr y no parar como el  tonto menos tonto del cine.

Y sigo tirando del hilo de la angustia para sacármelo de dentro y que no me den más arcadas:

·      La política: desencanto absoluto. Tristeza, angustia. Atrapada entre unos y otros que dan bandazos continuos. Personajes corruptos. Nuevas mentes – aún - no corruptas pero a las que no les dejan salir, a las que les pisan las cabezas con insultos absurdos. Discursos de y para borregos…. Y nosotros, como marionetas, al servicio de las absurdeces de turno que se les ocurren a unos y a otros para no tener que enfrentarse entre ellos y hacer su trabajo. En definitiva… desencanto.
·      Educación: desencanto. No voy a hablar de los recortes, los cambios de leyes, etc. Sino de la falta de alternativas. Te vayas a la pública, a la concertada… todo es igual: la implantación del mismo microchip, del mismo sistema en el que todos los niños tienen que pasar por los mismos contenidos y estadios al mismo tiempo, donde los ritmos se marcan verticalmente… Pero eso sí: todos tienen huerto (o una maceta).  Desencanto total y absoluto. Para mi llevar a los niños al colegio es una obligación y no una ilusión.
·      Sociedad: desencanto. Me entristece enormemente cuando veo el efecto que yo llamo “caza de brujas con antorchas”. Por poner un ejemplo, sale una nueva ley (aclaro de antemano que no estoy a favor de muchas de estas leyes, no sea que se me malinterprete), la lectura que se da de dichas leyes es absolutamente parcial y qué hacemos: machacamos y machacamos, insultamos, nos indignamos… en vez de pararnos y decir: ¿nos leemos un poquito mejor de qué va este tema para poder opinar? Si decimos que todos los medios de comunicación tienen un claro sesgo político, ¿porqué entonces tomamos a pies juntillas sus “resúmenes”? ¿Dónde están los matices? ¿Dónde están esas pequeñas reflexiones personales que nos ayudan a ser críticos  e independientes?
·      La economía, los bancos, el maldito dinero que se puede acumular y nos pudre, nos enfrenta, nos mata. Eso sí que es una droga de diseño.
·      Publicidad: para mí la publicidad es el cuento a nivel adulto. Si yo me compro un perfume, quiero la historia para que lo que tengo entre mis manos cobre vida y me haga “SENTIR” o “SENTIRME”. Pero ya no… ya le hemos pillado el truco al marketing, ya sabemos que todas las marcas quieren vender y se produce el desencanto.
·      Los deseos de “Miss Universo” o “deseo la paz y un mundo mejor donde no haya pobreza”: yo lo deseo, y lo desearé hasta que me  muera. Tristemente he perdido la confianza… o me ha invadido el desencanto una vez más.  Deseo que se deje de matar animales para nutrirnos… no nos hace falta, podemos vivir sin ello. Sin embargo yo misma, tras muchos años de vegetariana, me lo han puesto tan difícil que a veces peco contra mis principios… Ya no puedo mirar a un pollo a la cara y decirle cosas bonitas (;)).
·      La igualdad: ¿sabéis cuál es mi mayor desencanto en este sentido? Que todos somos defensores de la igualdad, se critican con fuerza las desigualdades sociales por género, origen o etnia (lo que muchos llaman “raza” pero que  yo tengo absolutamente prohibido por mi sesgo antropológico) pero luego todos – me incluyo, el primer paso es reconocerlo – cometemos grandes injusticias o incoherencias en este sentido. ¡Y no nos damos ni cuenta! Por cierto, tolerancia no es sinónimo de igualdad, o al menos a mí no me gusta cuando me dicen que me “toleran”. Tuve una experiencia terrible en este sentido… Hicimos un estudio para una conocida ONG cuyo nombre voy a omitir. Se supone que eran gente / profesionales que habían dedicados sus carreras a ayudar al prójimo (en el Tercer Mundo). En mi vida he visto a gente tan irrespetuosa con el prójimo, tan, perdonad el simplismo de la palabra: “mala”. Desencanto.

·      Los sueños rotos: ¡cuántos sueños rotos!  ¡Qué daño ha hecho Disney y sus finales felices donde nadie muere, los pobres se casan con príncipes y las princesas no se operan toda la cara porque nacen perfectas!


Podría seguir y seguir… pero esto no es para desencantar más de lo que ya lo estamos. Quiero, del mismo modo que Bastian en “La historia interminable”, aferrarme a ese granito pequeño de arena que queda del Reino de Fantasía.

Opto por luchar  constantemente contra el desencanto en el que estamos sumidos y me estoy equipando con algunas armas como:
·      La improvisación: seguir mis impulsos, mi instinto, hacer lo que me apetece sin frenarme al miedo. Soy una gran “tímida” y ¿de qué me ha servido eso? Sólo para frustrarme. Pero reconozco que me cuesta muuuuucho esfuerzo y energía. Estoy en ello.
·      Energía positiva: reír, reír. Hacer bromas, ser irónica… lo soy… pues más.
·      La ingenuidad: esa mirada de cuando éramos niños, esa alegría, esa magia. Adoro la magia (que no el engaño).
·      Participación activa: abuso mucho del rol de observador que se sitúa desde fuera y no participa. Por ejemplo, voy a una discoteca y no soy capaz de moverme libremente porque lo miro desde fuera y lo veo todo… tan absurdo. Pues bien, lo mío es lo absurdo.
·      Sueños rotos: sé que muchos de mis sueños se romperán… sé que me pueden traer desencantos… Pero no voy a dejar de soñar porque sólo ahí soy dueña del final de la historia.

Y realmente lo que temo es que el desencanto con tantas cosas me nuble y no vea lo bueno. No me voy a poner “ñoña”, no es mi estilo (todos sabemos cuáles son esas pequeñas cosas que no hacen sonreír a diario).

Mi intención es casi como la de los Alcohólicos Anónimos: yo Anabel estoy desencantada con muchas cosas (ahora el resto dice que me quieren y eso). Y llevo 5 minutos sin desencanto!! Enhorabuena Anabel, ¡vamos a por más!

Anda que pensaréis que estoy zumbada… mezclar La historia interminable con los métodos de terapia en grupo… No lo estoy, simplemente lo utilizo todo como “herramienta”, tal y como me enseñó mi querido profesor Ramón Valdés: “la función de todo está en el uso que tú le des, no en lo que te digan que es”.

Podría seguir filosofando (aunque esto ya se parece más a un curso de autoayuda… ¡qué horror!), pero me quedo aquí … por hoy.

Y ahora… ¡me voy a volar con Fujur!!





P.D. Un secreto a voces. Estos pensamientos son tan íntimos que no soy capaz de hablarlos en alto con los que tengo cerca. Sin embargo, me reconforta escribirlos y compartirlos, así consigo que salgan de mí, que se tangibilicen. Espero no haber herido sensibilidades. Mi intención es buena. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Oda al calabacín



Sé que he estado mucho tiempo sin escribir nada por aquí... No es por desinterés, sino por falta de tiempo ya que el trabajo no me ha dejado tener ni tiempo libre, y el poco tiempo libre que he conseguido arañar ya sabéis quién se lo lleva, ¿verdad?

Tengo varias cosas acumuladas para compartir, pero creo que sería injusta si no le concediera un huequecito al calabacín, ese hermano listo pero tímido de la calabaza, y amigo de la infancia de la berenjena.


La verdad es que el calabacín lo uso mucho más y de manera más frecuente que la calabaza, sin embargo, queda en mi mente en un segundo plano.... pobrecito. Así que hoy, querido calabacín, tú que tantas alegrías me has aportado, tendrás un hueco en este blog (no sólo va a ser hacerte un hueco en el estómago).

Según he leído por ahí no se sabe bien de dónde proviene el calabacín, unos lo sitúan por la India, otros por Méjico... Parece ser que es muuucho más viejo que los vampiros.

Yo no entiendo mucho de vitaminas, antioxidantes... (eso se lo dejo a mi padre), pero parece ser que es muy rico en vitamina C, ácido fólico, betacarotenos y fibra (esto sí sabemos bien para lo que sirve). Con lo cual, no está de menos integrarlo en nuestras vidas.
Y lo mejor de todo es que tiene un sabor lo suficientemente elegante o sutil como para "metérselo" a los niños rebeldes  con esas "cosas verdes" llamadas verduras u hortalizas (donde a veces se incluyen las frutas). Este es mi caso, ¡¡y por ello quería hacerle una oda al calabacín!!

Pero como no ando muy poética... qué mejor oda que dos recetitas: una muy muy fácil y otra más... ejem costosa o lenta (pero más festiva)



Pasta con calabacín al curry

La verdad que es una receta que improviso a veces para "meterle" algo verde a Ninke y tiene resultado!

Ingredientes:
1 calabacín grande o 2 pequeñitos
1/2 cebolla
Leche o nata (unos 200 ml)
Queso parmesano rallado
Una pizca de curry
Pasta (a gusto de formas tamaños...)
Lo típico: sal, aceite, pimienta

Elaboración de la salsa:
Pochamos la cebolla rallada
Rallamos el calabacín y lo mezclamos con la cebolla hasta que esté todo bien hecho
Echamos la nata (o leche, en este caso con un pelín de harina a modo de bechamel) y los condimentos: pimienta, sal, curry (al gusto de cada uno)

Hervimos la pasta y mezclamos bien.

Después se puede gratinar con queso parmesano por encima o simplemente servir tal cual con el mismo queso.



La otra receta (de la que no tengo foto final, lo siento) es una lasaña que hago cada año para Navidades por el trabajo que lleva.



Lasaña de calabacín y berenjenas

Ingredientes:
1 kg de berenjenas
450 g de calabacines cortados en rodajas
225 g de mozzarella rallada
600 ml de passata (tomate triturado estilo italiano, se puede sustituir por tomate triturado normal)
6 o 9 láminas de lasaña verde precocinada (antaño la hacía yo... qué tiempos!)
600 ml de salsa bechamel (leche, harina, cebolla, nuez moscada, pimienta y sal)
60 g de queso parmesano
1 cucharadita de orégano seco
25 g de mantequilla
1 ajo
Finas hierbas o hierbas provenzales (yo añado una pizquita de canela)
Aceite

Elaboración:
Preparar las berenjenas: a veces lo hago el día anterior porque es pesadito. Lo que yo hago es corto rodajas de 1 cm de ancho o algo menos y les pongo sal. Las dejo reposar una media hora. Después se limpian, se secan y se prepara una plancha para irlas dorando (unos 7 minutos cada tanda de berenjenas). Así hasta acabar.

Preparar el calabacín: echar la mantequilla en una sartén a fuego medio y mezclarla con las finas hierbas para que tome el sabor.  Es entonces cuando echamos el calabacín para que se vaya haciendo. En el libro pone que unos 7 minutos pero yo como lo pongo todo en la sartén tardo al menos 15 minutos... o más porque tengo que ir dando vueltas para que todas las rodajas se hagan por igual.

Preparar la bechamel (cada maestrillo tendrá su truquillo)



Preparar las láminas de lasaña

Ir montando:

Sobre el molde poner una capa de berenjenas

Encima una capa de calabacín


Encima echar la mozzarella


Después la passata o tomate

Finalmente las láminas de lasaña


Repetir hasta acabar  todos los ingrediente y cerrar con una capa de láminas de lasaña, cubrir con la bechamel y espolvorear el queso parmesano y el orégano.



Es más laborioso, pero de verdad que no os arrepentiréis. Y además no es tan "gordi" como todas la comilonas carnívoras de esta época (cada uno barriendo para su casa, eh?)



De paso aprovecho para felicitar las fiestas, aunque tengo otros posts más dulces preparados que seguro voy compartiendo estos días.


lunes, 21 de octubre de 2013

De calabazas y tartas


¡Época de calabazas!

Me vuelvo a repetir, ya sé que lo dije... pero es que ¡me encantan las calabazas! (las que nacen de la tierra, no que "me den calabazas").
La verdad es que me gusta tanto verlas que a veces las compro para mirarlas... pero luego no tengo hábito de hacer mucho con ellas, y de verdad que quiero incorporarlas a mi vida... Pero no sé muy bien cómo sacarles todo el partido... o igual es la pereza que me puede.

Aún recuerdo el sabor de aquel plato con calabaza y roquefort que no he logrado volver a probar ni reproducir (aunque tengo en mente un experimento... ya os contaré).

La cuestión es que a través del blog de María Lunarillos vi este pastel de calabaza y lo intenté reproducir. Sólo he modificado un par de cosillas pero el resto lo he seguido estricto.

No me ha quedado tan mono como a estas chicas súper-reposteras pero de verdad que está buenísimo (si os gustan los pasteles especiados).

Además otra cosa que me gusta en este tipo de tartas con zanahoria, calabaza... es que parece que estás más en contacto con la "tierra". Ya sé que suena raro hablando de pasteles.... o incluso político (aclaro que no tengo ninguna intención política, y menos de este tipo)... Pero es el feeling que me dan, y me gusta.

Bueno, os paso la receta. Os comento que hice menos cantidad que la estándar que ponen porque así evito tener que tirar nada (eso sí, si podéis haceros de un molde pequeñito de unos 14 cm de diámetro quedan mucho más monas).

INGREDIENTES:

  • 100 ml aceite de girasol 
  • 100 gr azúcar moreno --> yo utilicé la de tipo mascabado (esa húmeda) que da más jugosidad
  • 50 gr de azúcar blanco
  • 2 huevos
  • 150 gramos de puré de calabaza (compré 500 gramos de calabaza que horneé durante 15 o 20 minutos y luego trituré, eliminando el agua por completo)
  • 140 gr de harina
  • 1/2 cucharadita de levadura
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato
  • 0,3 cucharaditas de nuez moscada
  • 0,3 cucharaditas de jengibre 
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 65 ml de buttermilk (yo utilicé la misma cantidad de leche y le añadí una cucharadita de zumo de limón dejándola reposar al menos 5 minutos, sin remover)
  • 60 gr de mantequilla
  • 90 gr de queso crema
  • 150 gr de azúcar glass 
  • Yo añadí una gota de esencia de nubes de azúcar y una cucharadita de esencia de vainilla (pero es totalmente a elección personal)
ELABORACIÓN:

  • Mezclar los ingredientes secos: harina, levadura, bicarbonato
  • Batir el azúcar con el aceite
  • Echar los huevos de uno en uno a la mezcla del azúcar con el aceite
  • Incorporar las especias (canela, jengibre...) y la vainilla
  • Incorporar el puré
  • Ir mezclando el buttermilk (o leche cortada con limón) y la harina alternando en varias veces. Batirlo todo bien
  • Incorporarlo al molde previamente forrado o engrasado. Yo utilicé uno de PME de 14 cm de diámetro. 
  • Preparar el horno a 170º y hornear durante 40 minutos o más (hasta que pinchando el centro un tenedor salga limpio)
  • Para la cobertura: batir mantequilla, queso crema y azúcar glass. Se puede incorporar la vainilla o un toque de sabor que se prefiera (ej. concentrados de sabor, gotas de limón...)
  • Las calabacitas las hice con fondant blanco teñido de naranja y marrón. Creo que en MaríaLunarillos también hay un tutorial, pero es algo bastante intuitivo.









martes, 8 de octubre de 2013

Fiesta de cumpleaños "en construcción" y receta del Churro Cheesecake





Los tiempos, definitivamente, han cambiado. Cuando yo era pequeña celebrabas tu cumpleaños el día que te tocaba  y punto, ahí se acababa la historia. Hoy en día no siempre suele ser tan simple. Lo celebras en tu día en intimidad, con los que pilles por casa, pero también el fin de semana que puedas reunir a más amigos. Y si estás de vacaciones lo puedes celebrar una vez más con aquellos que se han perdido alguna de estas celebraciones. Pero ahí no se acaba porque luego, cuando ya te piensas que has cumplido los años 3 veces, lo celebras una cuarta vez más con los compis del cole.

Vamos, casi como esas bodas en las que la celebración dura un mes... 

Esto ha pasado este año con mi niño, no iba a celebrar apenas nada y al final hemos celebrado "nada" 4 veces. La última vez me decía: "mamá, entonces ya tengo 5 años? Bien!!"
Lo bueno es que así puedo practicar con mis pasteles... aunque últimamente no estaba muy en "mode" pastelero...

La fiesta de la que os voy a hablar hoy es la "2 de 4" de mi niño. Leo cumplía ya 4 años, primero lo celebramos en casa con mi madre y una amiga, nadie más. Y esta segunda fue algo fugaz porque ese mismo día nos íbamos a Teruel (para celebrar la "3 de 4" con mi padre).

                               
La cuestión es que como teníamos poco tiempo decidimos hacer una especie de cumple-desayuno para que al menos Leo tuviera un cumple con niños...  los niños de mis amigas.

Por tanto no iba a hacer un mega-pastel. 

Hacía tiempo que había visto lo del Churro Cheesecake y me intrigaba tanto! Todo el mundo decía que estaba tan bueno... Problema: la masa de croissant. La vi en Holanda pero en refrigerado y no me iba a aguantar todo el camino.
Sin embargo, hace poco parece que los amigos de Lidl han decidido traerla y en cuanto la vi compré dos latas.

He de confesar que está buenísimo y es súper fácil de hacer. Lo único que me asustó fue el abrir esas latas.... empezó a expandirse la masa, yo a tirar... no sabía lo que iba a pasar... Y no pasó nada, se ve que es normal porque es como una especie de hojaldre que crece...

Lo malo fue que una vez hecho el pastel me dice mi niño: "mamá, ¿y me has hecho el pastel de la luna que se comió el arco iris?"...
Tierra trágame! pensé... Estaba yo como para lunas y arco iris con todo el lío de trabajo que había tenido... 

Pero entonces una excusa me dio pie a otra idea.

Solución: "no, Leo... te he hecho un pastel de ladrillos, vas a tener una fiesta de constructores!! Yuhu!!"

... VENDIDO!!

Sólo tenía que cortar bien las piececitas del pastel para que parecieran bloques y utilizar sus juguetes para darle sentido al "concepto de fiesta" que habíamos creado sin querer:


Pie de pastel construido con maceta y plato

Compré una pequeña maceta y un plato grande (también para un macetero) y "construí" un pie de pastel rústico.
Del mismo color pinté una huevera que rellené con chuches de esas tan blanditas que compro en una frutería.

Utilicé los juguetes de tipo construcción que más juego me daban:

  • Una grúa para colgar una tarjetita
  • Un camión para rellenarlo de bocadillos (esto lo vi en Pinterest pero ya no recuerdo de quién lo vi)




Finalmente encargué unos pompones amarillos y gris-plata para decorar (no tenía tiempo de liarme a hacer nada, la verdad, aunque he visto miles de tutoriales de cómo hacerlos)




Bueno, os paso la receta porque realmente me encantó esta tarta... Me sorprendió sobre todo el sabor del relleno.

INGREDIENTES:

- 2 latas de masa de croissant (la que os he puesto de Lidl por ejemplo / ver foto abajo
)
- 1 tarrina familiar de queso crema Philadelphia (no recuerdo ahora si es de 300 gr o de 400)
- 1 huevo
- 1 taza de azúcar (coger la medida de cualquier vaso medidor, ej. el de la batidora)
- 2 cucharaditas de canela molida
- 1 cucharadita de esencia de vainilla


ELABORACIÓN:
  • Cogemos una bandeja de horno y forramos la base
  • Abrimos una de las latas de croissant... Cuidado que se escapa!! Tirad, tirad... y sacarla (no se rompe tan fácilmente). una vez fuera tendréis que cortar por aquí y por allá para hacer una base que cubra más o menos la bandeja del horno --> Podéis aprovechar y preparar la masa de la otra lata porque servirá para cubrir por encima.
  • Preparamos el relleno batiendo el huevo, la mitad del azúcar, la crema de queso, 1 cucharadita de canela molida y la vainilla
  • Mezclamos el resto de azúcar con la vainilla y lo apartamos
  • Ahora echamos toda la masa del queso encima de la base que hemos preparado en la bandeja de horno. Extendemos un poco sin llegar a los bordes
  • Cogemos la otra masa que hemos preparado y con la ayuda de un rodillo colocamos simétricamente por encima. 
  • Sellamos bien los bordes para que no se salga la masa en la cocción (esto es importante)
  • Finalmente echamos por encima la mezcla de azúcar y vainilla que habíamos apartado
  • Metemos en el horno que hemos precalentado previamente a 170º
  • Hornear 30 - 35 minutos o hasta que veáis los bordes dorados
Sinceramente... está buenísimo... quizá demasiado para el aspecto tan sencillo que tiene. Una vez más: las apariencias engañan.